Al caer la tarde, Fíneas seguía en el cuarto de hospital buscando información que le pudiera ayudar a identificar las sustancias desconocidas en la sangre de Antonia. A su parecer, una de ellas, o la combinación de algunas de ellas, funcionaba como antídoto para aquel veneno que había acabado con la vida de tanta gente hasta el momento. Con la ayuda de Lorna, la actual encargada del Salón de Archivos, consiguió lo que más pudo sobre la historia de los humanos y su anatomía, para ver si algo le servía o al menos le daba una idea sobre qué buscar. Había sido un poco difícil conseguir esta información pues normalmente podían acceder a un catálogo guardado en un cristal de cuarzo, pero ahora que había desaparecido, tuvieron que buscar la información manualmente. Además, Lorna era la asistente de ese salón hacía apenas unos años y desconocía la ubicación de muchos documentos, lo que retrasó aún más la búsqueda. La Guardiana, como se le llamaba a quien estuviera a cargo de los archivos e historia del pueblo meridio, había sido hasta la mañana de ese día, Tara, la mujer que había muerto en la pradera.
Lord Nicolás entró al cuarto de hospital acompañado de Lord Loring, su padre y líder de la ciudad, quien recibía el nombre de ‘mandatario’. Era un hombre alto, de unos sesenta años, con un color de ojos entre gris y verde, iguales a los de su hijo, cabello blanco, largo hasta los hombros y que llevaba amarrado en una media cola en la parte trasera de su cabeza. Venía con ellos Lord Marco, el jefe general de la Armada y Lady Roberta. Lord Marco era un hombre de unos cincuenta y cinco años cuyo cabello negro bañado de canas apenas le tapaba las orejas. Todos llevaban puesta una armadura en el pecho de la cual sobresalía la empuñadura de una espada en sus espaldas. En el cinto, una daga en su vaina se veía colgando del costado izquierdo. Por su parte, Lady Roberta era una mujer esbelta, de unos cuarenta años y en su espalda, por entre su cabello castaño claro, se veía un arco y un carcaj lleno de flechas.
Los cuatro, con el ceño fruncido como muestra de su preocupación, se acercaron a la cama donde estaba acostada Antonia, ahora abrigada con un cobertor.
– ¿Esta es la humana? -preguntó Lord Loring, el mandatario.
– Sí, ella es -le respondió su hijo mientras le mostraba la herida de su hombro.
– No se ve muy diferente, ¿no? -dijo más como un comentario que como una pregunta, examinando lo que podía ver de ella con un poco de disgusto en su cara.
– No, milord. La diferencia está en sus genes. No se puede notar en su exterior -respondió el médico Fíneas mientras se acercaba a ellos.
– ¿Alguna novedad? ¿Cuándo despertará?
– No sabría decirle, milord -contestó Fíneas y en su cara se notaba su desconcierto-. Debió despertar hace horas… pero como lo he dicho, no conocemos su organismo. Al parecer la pequeña dosis de sedativo que le suministramos es en realidad demasiada para ella.
– Vamos a necesitar a alguien que hable humano, si queremos comunicarnos con ella -dijo Lord Marco, el jefe de la Armada, mirando a Antonia con la curiosidad de quien ve a un animal de zoológico.
Unas carcajadas camufladas se escucharon, provenientes de Lord Loring y Fíneas: – Los humanos no hablan humano, Marco -explicó Lord Loring-. Tienen tantos idiomas que ni siquiera se entienden entre ellos -comentó con un toque de reproche en su voz.
– ¿Y cómo vamos a saber en qué idioma hablarle cuando despierte entonces?
– Necesitamos a alguien experto en lenguas humanas. No podemos activarle a Kayla todos los idiomas del planeta… ¿Quién nos puede ayudar? -preguntó Lord Loring.
– Tara era la que los conocía -respondió su hijo-. Tal vez Lorna pueda ayudarnos o sepa de alguien.
– Kayla, localiza a Lorna. Que esté lista para una videoconferencia en cinco minutos.
– Ciertamente -contestó la computadora Kayla.
Desde el mismo cuarto del hospital, Lord Loring se comunicó con Lorna, la asistente del Salón de archivos, y le explicó la situación. Lorna le informó que ella tenía conocimiento básico de algunas de las lenguas principales: – Hace unos años, -dijo una mujer de unos treinta y cinco años, cuyo abundante cabello crespo y rojizo parecía ocupar toda la pantalla- Tara nos dio un curso a varios sobre algunos idiomas. Niki y Robi lo tomaron también…
Lord Loring y Lord Marco voltearon a mirar a Lord Nicolás y a Lady Roberta al tiempo que ellos dos cruzaron miradas entre sí.
– Yo no recuerdo nada de ese curso… -confesó Lady Roberta al ver las miradas interrogantes de los otros Lords, quienes ahora dirigían su mirada a Lord Nicolás.
– Ni yo… -dijo pensativo. El comentario había avivado varios recuerdos de todos ellos juntos intentando aprender algo de lo que Tara explicaba-. Eso fue solo un requisito que Tara puso para darnos el ascenso. Nunca más volvimos a usarlo…
– También estaba con nosotros Jamal, -interrumpió Lorna- el de comunicaciones, pero como usted sabe, viajó a la frontera a arreglar un asunto -aclaró. La verdad era que en la actualidad solo los que trabajaban en el Salón de Archivos mostraban algo de interés por los idiomas de los humanos.
– Gracias, Lorna -dijo Lord Loring-. Te necesitaremos para intentar comunicarnos con la humana. Kayla te localizará cuando ella despierte.
– Sí, milord, claro que sí. Voy a revisar algunos apuntes y estaré pendiente -dijo Lorna despidiéndose y la pantalla se volvió negra al terminar la comunicación.
– Muy bien. Ve a casa Fíneas, debes estar reposado para cuando ella despierte -dijo Lord Loring notando su cansancio-. Además, Leonora está muy alterada de que estés tan cerca de la humana. Deja a un médico de confianza aquí y pídele a Kayla que nos informe cuando esté despertando. Tenemos varias preguntas para hacerle… -indicó y su mirada se quedó fija en esa mujer inmóvil que tenía al Consejo de cabeza, aún sin decir nada-. El reemplazo de la guardia llegará en media hora -dijo saliendo de su abstracción. Colocó su mano en el hombro de Fíneas a manera de despedida y se retiró del cuarto junto con Lord Marco y Lady Roberta.
– La Ceremonia de Paso de Tara será a las nueve, esta noche. Nos vemos allá -dijo Lord Nicolás y salió acompañando a su padre.