En la madrugada, la voz de Kayla se escuchó en los cuartos de varios de los habitantes de la ciudadela. Fíneas, Lorna, Lord Loring, Lord Nicolás, Lady Roberta y Lord Marco, fueron despertados con la noticia de que la humana parecía estar tomando conciencia.
Fíneas fue el primero en llegar, saludó a la guardia que seguía en la puerta y apenas entró, Kayla lo saludó.
– Buenas noches, médico Fíneas.
– Hola Kayla, Hola Anette -dijo mirando a la médica que estaba de turno, su bata color lila resaltaba el cabello negro que chorreaba por la espalda en una cola de caballo-. Actualízame -le dijo poniéndose su bata azul mientras se acercaba a Antonia y miraba las pantallas que tenía al lado. Aún estaba inmóvil, a pesar de la alerta de Kayla.
– Buenos días, señor -contestó Anette-. Ritmo cardíaco, tensión y oxigenación todos dentro de la normalidad -dijo mientras señalaba los reportes en las pantallas desde lejos, queriendo mantener su distancia de la humana-. Kayla ha detectado cambio del patrón de sus ondas cerebrales, lo que indica que puede tornarse alerta pronto -dijo con bastante nerviosismo en su voz, sus ojos azules un poco aguados de solo pensar que la humana pudiera despertar en cualquier momento.
– Gracias, Anette. Ve a casa -dijo al notar su aflicción-. Yo me encargo ahora.
Rápidamente, Anette se dirigió a una puerta ubicada en la esquina del cuarto, que daba hacia una habitación más pequeña de uso privado del médico de turno. Con sus pertenencias colocadas de cualquier manera encima de su bata, salió apresuradamente con la intención de no darle a Fíneas la oportunidad de cambiar de idea.
Los demás llegaron minutos después. Todos ellos traían sobre sus ropas un peto de cuero que tenía un gancho en cada hombro, de donde colgaba una capa de color verde oscuro que les llegaba a las rodillas. Posterior a los saludos, se pararon cerca de la cama a la expectativa de lo que pudiera suceder.
Lord Marco hizo entrar a la guardia que vigilaba en la puerta y les dio instrucciones de cerrar completamente el paso y proteger a Lorna y a Fíneas si la humana se levantaba con intenciones de atacar.
– Entendido, mi señor -contestaron todos y tomaron de nuevo sus posiciones en la puerta.
– No creo que vayan a necesitar nada de esto -dijo Fíneas señalando a la guardia y las largas capas que todos traían-. Su herida está fresca, perdió bastante sangre y ya pasó el efecto del analgésico. No creo que se pueda mover, mucho menos atacar a alguien.
– Bueno, como tú lo has dicho, no conocemos su organismo. No sabemos si está simulando todo esto esperando el momento oportuno para atacarnos. No correremos ningún riesgo, Fíneas -afirmó Lord Marco con la experiencia de quién ha estado muchos años en el campo de batalla. Fíneas hizo un gesto con sus manos, dejando ver claro que sabía que en ese momento no era él quien mandaba en el hospital.