Capítulo 5

Día 2: Martes. Capítulo 5.

Mientras escuchaban el reporte del computador llamado Kayla, Fíneas y sus asistentes organizaban la medicina necesaria de acuerdo al análisis. En otra pantalla se iba registrando el reporte con un conteo regresivo del tiempo estimado de vida.

– Analgésico, costura, sedante, regenerador -le dijo Fíneas a sus asistentes y ellos de inmediato se dispusieron a tratarla.

– Hombro izquierdo: herida lineal de cuatro centímetros que compromete únicamente tejido blando, provocada por arma cortopunzante -continuó Kayla con su reporte-. Sustancia ciento veintidós detectada. Estado: fuera de peligro. La sustancia ciento veintidós ha sido neutralizada.

Inmediatamente las miradas de Fíneas y Lord Nicolás se cruzaron: – ¿Qué? -dijeron ambos hombres al tiempo. Fíneas se acercó a la pantalla donde las palabras ‘sustancia ciento veintidós neutralizada’ parpadeaban constantemente. Luego tocó la pantalla con la punta de sus dedos, justo en el local donde se encontraba la herida-. Kayla, proyecta, por favor.

– Ciertamente –contestó Kayla y en la pantalla se veía ahora una imagen que Fíneas podía manipular con su mano.

– ¿Qué está sucediendo? –se preguntó Fíneas a sí mismo mientras que con su mano rotaba la imagen de la pantalla para poderla apreciar desde diferentes ángulos-. Kayla, explica último diagnóstico -ordenó.

– Ciertamente. La herida ubicada en el hombro izquierdo -elaboró Kayla- denota presencia de la sustancia tóxica ciento veintidós, más comúnmente conocida como ‘dormidera’. La sustancia no se encuentra presente en los demás puntos de análisis, ha sido contenida y neutralizada dentro del organismo. No representa riesgo en la vida del paciente.

– ¿Cómo es posible? Kayla, repite el análisis, por favor -le pidió Fíneas bastante confundido-. Anette, toma una muestra de sangre y tráemela, por favor -le dijo a su asistente mientras se sentaba en un escritorio, ubicado al frente de un grupo de pantallas colocadas en otra de las paredes del cuarto. Tocó un panel en la mesa y una parte de ella se deslizó para revelar un fino teclado con caracteres ilegibles. Empezó a digitar una serie de comandos mientras que Lord Nicolás se acercaba a la cama donde se encontraba Antonia inconsciente. El otro asistente estaba a su costado derecho cosiendo internamente su herida con ayuda de unos lentes sostenidos en su cabeza y un aparato que parecía un destornillador muy largo. En otra de las pantallas se observaba cómo el delgado aparato penetraba por la herida y realizaba una sutura cada vez que el médico accionaba un botón en su extremo superior.

Lord Nicolás se dirigió a su costado izquierdo y se sentó en la cama al lado de ella, mirándola fijamente, tratando de notar algo diferente en esa mujer que le hubiese permitido lograr semejante acción. Mientras tanto, Fíneas colocaba una gota de la sangre de Antonia en un receptor cercano conectado a las pantallas. A los pocos segundos comenzaron a aparecer en una de ellas, imágenes de los diferentes componentes encontrados en la sangre con la identificación de cada uno. Tocando la pantalla con sus dedos, Fíneas fue recorriendo los resultados rápidamente al no encontrar nada inusual.

– Corroboración de análisis terminado -se escuchó decir a Kayla-. La sustancia ciento veintidós ha sido neutralizada en el organismo. ¿Desea que termine el análisis de heridas?

– Sí…, Kayla, gracias… -dijo casi para sí mismo sin retirar la mirada de la pantalla. Kayla continuó enumerando las heridas restantes de Antonia que no eran más que raspaduras y equimosis nada críticos.

En ese momento, hacia el final de la lista de componentes que revisaba Fíneas, empezaron a aparecer imágenes de algunos componentes con un mensaje al lado en donde se leía ‘Sustancia sin identificar número uno’ y más abajo ‘sustancia sin identificar número dos’. La lista continuaba y mientras más avanzaba en la revisión, los números seguían creciendo. ‘Sustancia sin identificar número cuarenta y siete, sustancia sin identificar número cuarenta y ocho’. Imágenes de diversos colores y formas acompañaban estos mensajes.

– ¿Qué es esto? -fue lo único que pudo decir, confundido y frunciendo el ceño. Buscó el final de la lista de resultados hasta que llegó a un mensaje que leía ‘sustancia sin identificar número noventa y ocho’-. ¿Qué es esto? -repitió murmurando-. Kayla, análisis de ADN y expresión genética, por favor -pidió mientras retrocedía la lista, mirando de nuevo las imágenes de los componentes desconocidos.

– Ciertamente -contestó Kayla e inició el análisis que le pidieron.

Lord Nicolás tomo una pequeña toalla que se encontraba en una mesita al lado de la cama. La sumergió en una taza con agua que allí se encontraba, la escurrió y muy suavemente la colocó en la frente de Antonia. Con movimientos delicados empezó a limpiar su frente detallando las facciones de la mujer. A pesar de la palidez y rastros de tierra que tenía en su rostro, le parecía bastante atractiva.

– Jamás había visto a una meridia resistir por tanto tiempo la ‘dormidera’ -dijo en voz alta en un intento por aclarar sus ideas.

– Eso es porque ella no es una meridia -dijo Fíneas seriamente-. Es una humana -afirmó y en su voz se notaba la gravedad de la afirmación.

Los médicos que la atendían se detuvieron, voltearon a mirar a Fíneas con los ojos muy abiertos y dejaron de coser su herida.

– ¿Qué? -replicó Lord Nicolás retirando su mano inmediatamente de la cara de Antonia como si le generara aversión-. ¿Estás seguro? -dijo levantándose de la cama y acercándose a su amigo.

En otra de las pantallas que Fíneas tenía al frente se observaba el análisis que Kayla había hecho. Varios pares de espirales se movían constantemente comparando su resultado con un patrón y recuadros aparecían explicando las diferentes manifestaciones de sus genes. En la parte baja de la pantalla un mensaje leía ‘Clasificación genética: Humana’.

– No tiene expresado el gen que nos caracteriza -le mostró Fíneas en la pantalla-. No es una meridia, es una humana -le reafirmó.

– ¿Y cómo sabes que no es una ‘humanizada’? -preguntó Lord Nicolás tratando de encontrar una respuesta diferente.

– Son muy pocos los casos que existen sobre eso. Además, mira cuántas sustancias sin identificar. Nunca he visto una sangre así -respondió confundido devolviéndose al reporte de la composición de la sangre de Antonia-. Y mira su ropa… esas fibras no son de aquí. Niki… sabes que es cierto.

Lord Nicolás continuaba mirando los resultados de la pantalla como si de tanto mirarlos pudiera cambiarlos: – ¿Cómo es posible? ¿Cómo llegó aquí?… ¿Y qué hacía con Tara? -preguntó cada vez más confundido-. Kayla, infórmale a mi papá y alerta el equipo de seguridad, por favor -pidió con preocupación. A los pocos segundos se escuchaba cómo los hombres que estaban afuera desenfundaban las espadas que llevaban a sus espaldas.

Fíneas volteó a mirar hacia los médicos que atendían a Antonia. Estaban mirándolo con una expresión de horror en sus caras como si supieran que estuvieron ayudando a un monstruo.

– No más medicina ni siquiera el analgésico, solo la sutura. No conocemos su sistema, podríamos matarla -les ordenó.

– Ya le colocamos el analgésico… y la mitad del sedativo y del regenerador -dijo el asistente mirando a Fíneas como un niño esperando el regaño después de haber hecho algo malo.

– Está bien, Andreas, solo no le coloquen nada más -le respondió confundido y Andreas asintió asustado.

– Y… ¿vamos a tratarla? -preguntó dudosamente.

– ¡Claro!… -afirmó Fíneas y antes de poder continuar su respuesta sintió la mano de Lord Nicolás en su hombro.

– Fin… es una humana, no sabemos cómo logró entrar. Puede ser peligrosa, no sé si tratarla sea una buena idea… Debemos informar al Consejo.

– Niki, se está desangrando y el resto del Consejo está ocupado tratando lo del ataque. Si no la ayudamos ahora, morirá en unos minutos -dijo indignado-. Ustedes la trajeron aquí…

– Pero no sabíamos… -interrumpió Lord Nicolás.

– No voy a dejarla allí, simplemente esperando a que se muera. Además me dijeron que estaba defendiendo a Tara…

– Estábamos lejos… es difícil decirlo -refutó Lord Nicolás.

– Niki, voy a ayudarla en lo que pueda. No voy a dejarla así… -afirmó-. Y de todos modos, con el sedativo que se le aplicó, estará inconsciente por lo menos tres horas más. Pueden decidir cómo devolverla en ese tiempo -agregó. Fíneas se quedó un momento en silencio mirando pensativo hacia las pantallas-. ¿No te interesa saber lo que sucedió? Tal vez ella nos lo puede decir…

– Lord Nicolás, -se escuchó decir en la voz de Kayla- su padre intenta localizarlo.

– Sí, Kayla. Infórmale que voy ya para su despacho. -dijo poniendo su mano en el hombro de Fíneas a manera de expresarle que confiaba en su decisión-. Mantenme informado. Dejaré la guardia aquí por seguridad -explicó. Fíneas asintió y mientras se dirigía donde Antonia, vio como Lord Nicolás salía apresuradamente a ver a su padre. Seguramente la noticia lo iba a alterar más a él que a todos ellos juntos.