Durante varios minutos no sucedió nada y cada uno fue poniéndose cómodo. Fíneas y Lorna se sentaron frente a las pantallas donde ambos intercambiaban los conocimientos que habían adquirido recientemente sobre los humanos. Lord Loring, Lord Marco, Lady Roberta y Lord Nicolás se encontraban de pie en el centro del cuarto, discutiendo las últimas decisiones del Consejo y la forma como había sido atacada Tara.
Inesperadamente, la alarma de una de las pantallas empezó a sonar. Todos voltearon a mirarla mientras se escuchaba la voz de Kayla en el cuarto: – Movimiento en los dedos de la mano izquierda detectado -informó e inmediatamente Fíneas se acercó, mientras que Lorna prefirió ubicarse detrás de los Lords, obviamente buscando su protección.
Efectivamente, Antonia estaba cobrando conciencia. Además de sus dedos, consiguió mover un poco su cabeza y se notaba cómo su respiración se volvía más difícil y entrecortada. De su boca empezaron a salir unos leves quejidos y su mano izquierda, muy lenta y temblorosamente empezó a buscar su costado derecho, fuente de un inmenso dolor.
Al ver el movimiento de su mano, los Lords y Lorna reaccionaron de inmediato.
– Kayla, armadura completa -dijeron todos e inmediatamente se observaba como su vestimenta, incluyendo la capa, se transformaba poco a poco en una armadura que iba desde el cuello hasta los pies, como si se fuera formando por pequeñas escamas de color verde oscuro metálico, y además del peto y una corta falda, incluía guantes y un casco que solo dejaba descubiertos los ojos y la boca. Espadas, dagas y arco y flechas sobresalían ahora de sus espaldas y cinturas.
Fíneas, aún en su bata azul, se sentó al lado de Antonia. Podía sentir su dolor… Poco a poco ella consiguió abrir sus ojos lo suficiente como para distinguir una figura a su lado. Intentó hablar pero no encontraba su voz y un dolor agudo la embargaba por completo.
– Tranquila, todo va a estar bien. Estoy cuidando de ti -dijo Fíneas en meridio. Lo único que escuchó Antonia fue como un siseo-. Mmm… ¿qué es todo eso? -dijo haciendo un gesto como si algo lo incomodara pero pronto se recompuso y la miró de nuevo-. Tranquila, todo va a estar bien. Estoy cuidando de ti -repitió Fíneas hablando más lentamente.
Antonia consiguió fruncir un poco el ceño mostrando que no entendía nada. A medida que cobraba más consciencia, los quejidos de dolor aumentaban.
– No me entiende -concluyó Fíneas con desconsuelo.
– Necesitamos que diga algo para saber qué idioma habla -comentó Lorna.
Al escuchar otra voz, Antonia giró un poco su cabeza hacia el centro de la habitación hasta que sus ojos se toparon con unos seres en armaduras verdes, como los de la planicie. Inmediatamente, recuerdos de los hombres que la atacaron vinieron a su mente y empezó a respirar agitadamente a bocanadas. Intentó gritar pero su voz aún no salía. Con la poca fuerza que había reunido, trató moverse hacia el otro lado de la cama. Quería alejarse de esos seres, pero no podía. No era capaz de moverse, el dolor era demasiado.
En meridio, Kayla reportaba que los signos vitales se encontraban en valores fuera de lo normal y en varias pantallas aparecían mensajes parpadeantes advirtiendo sobre los movimientos bruscos de Antonia.
– ¡Aléjense! -exclamó Fíneas enojado-. ¡Guarden eso!
Al escucharlo, Antonia dirigió su mirada hacia él y Fíneas pudo ver que su cara estaba marcada con una expresión de terror y que sus ojos estaban aguados.
– Ayú…dame -le dijo en español apenas murmurando y entre sollozos, mientras lágrimas empezaron a salir de sus ojos.
– ¿Qué dijo? -preguntó Lorna y Antonia volvió a dirigir su mirada hacia ellos. Nuevamente alterada, intentó moverse de la cama pero fue inútil. Con cada esfuerzo que hacía, sentía como si una parte de su costado quisiera separarse de su cuerpo.
– ¡Quítense eso! -dijo Fíneas en voz alta, esta vez como una orden-. ¡Tiene mucho dolor y está asustada! -dijo mirándolos enfadado-. Y está llorando… -agregó curioso al ver las lágrimas en su cara. En ese momento, en el centro del cuarto se escuchaba la voz de todos, pidiéndole a Kayla que retirara la armadura. Cascos, espadas, dagas y flechas desaparecieron y todos volvieron a quedar con la ropa con que vinieron, incluso sus capas.
Fíneas tomó un pañuelo de la mesita al lado de la cama, se lo mostró a Antonia para que viera que no era nada extraño y empezó a limpiarle las lágrimas.
– Ayú…dame -consiguió decir Antonia más claramente esta vez. Miró hacia el centro del cuarto esperando ver de nuevo a los seres vestidos de verde pero en su lugar encontró un grupo de personas que se acercaban lentamente.
Fíneas tomó de la mesita un recipiente y con ayuda de un gotero tomó un poco del líquido que contenía y lo colocó en algo parecido a un pequeño parche redondo.
– ¿Qué estás haciendo? -preguntó Lord Nicolás al ver que Fíneas levantaba la cobija de Antonia a la altura de su herida.
– Le coloco un analgésico -respondió mientras adhería el dispositivo a la piel de ella-. Tiene demasiado dolor. Jamás se recuperará sintiéndose así -explicó-. Tranquila, todo va a estar bien. Estoy cuidando de ti -dijo nuevamente Fíneas en meridio mientras seguía limpiando suavemente su cara.
Antonia dejó salir un sollozo y lentamente sus ojos se cerraron de nuevo.
– ¿’Ayu-dame’? ¿Qué significa eso? -preguntó Lord Marco mirando a Lorna.
– Parece una de las lenguas latinas… -dijo Lorna pensativa-. Pero creo que no son dos palabras, es una sola: ‘Ayúdame’ -explicó.
– ¿Inglés? -sugirió Lord Nicolás.
– No, el inglés suena diferente -contestó Lorna abstraída-. ¿Francés, tal vez?… -se preguntó a sí misma mientras caminaba mirando al piso y la tristeza la embargó por un momento. Tara lo habría identificado de inmediato… Debo aprender más sobre esos idiomas antiguos si quiero hacer un buen trabajo, como ella… Después de dar unas cuantas vueltas, de repente se detuvo con una expresión de satisfacción en su cara, pues había encontrado en su cabeza lo que buscaba-. Español -murmuró.
Se dirigió a los demás y les dijo con certeza: – ¡Es español! –repitió y se dirigió a una de las pantallas donde le solicitó a Kayla el acceso a un traductor de ese idioma.
Los demás se acercaron a ella, también queriendo saber qué había dicho la humana.
– Significa ‘ayúdame’ –explicó Lorna, mostrándoles en la pantalla la palabra equivalente en meridio.
– Muy bien, Lorna -expresó con satisfacción Lord Loring-. Ve al salón de archivos y busca la base de datos de ese idioma para activárselo a Kayla. Debemos estar listos para cuando despierte otra vez.
– Sí, milord. Voy para allá ya mismo -concordó Lorna, dirigiéndose a la puerta.
– Lorna… -dijo Lord Loring llamándola y ella volteó a mirar-. Podemos esperar unas horas a que amanezca -agregó sonriendo al ver su disposición.
– Si me lo permite, milord, quisiera hacerlo ahora mismo -expresó Lorna con confianza.
– Entonces alguien debe ir contigo… -empezó a decir Lord Loring pero antes que pudiera terminar, escuchó la voz de su hijo.
– Nosotros vamos con ella -dijo mirando a Lady Roberta, quien asintió y los tres salieron del cuarto.
Lord Loring y Lord Marco se disponían a salir también cuando notaron que Fíneas estaba aún en el cuarto.
– Yo me quedo. Prefiero pasar el resto de la noche aquí por si algo pasa.
– Ten cuidado y mantennos informados -expresó Lord Loring y salieron del cuarto.
Paula, me encanta Meridia, sigo atenta a continuar disfrutando tu obra!
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